jueves, 15 de enero de 2009

SERGIO BONOMO


LA MOROCHA


Felipe y la morocha jamás se amaron en ninguna parte.
Ellos sólo comparten bares y ginebras y madrugadas llenas de humo e invierno.
A la Morocha le gusta escuchar las desventuras de Felipe: sus heroicas escapatorias a la muerte de cada noche. Felipe tiene una especie de delirio de persecución e imagina que la muerte lo aguarda en cada esquina; también le cuenta sus desdichas de tiempos idos y lejanos, cuando él era un joven solitario y apuesto que andaba por las barriadas festejando a las muchachas.
Felipe se sonríe con dulzura cuando la Morocha le cuenta de sus amores nocturnos de antaño. Amores efímeros de sus noches de mucho andar y de mucho amar; amores baratos de caricias ajenas; amores que la Morocha practicaba siempre pensando en hombres que no eran los que en ese momento se enredaban en sus brazos.
La Morocha amaba con el corazón y con la piel y con todo el aliento de su ser fogoso. Pero sus amores duraban lo que una lluvia en verano.
Jamás cobraba sus servicios si el cliente era un muchacho pobre, o triste, porque pensaba que su oficio debía tener un fin solidario, y hasta didáctico y pedagógico.
Todos aquellos que fuimos adolescentes en los años ochenta y vivíamos en San Martín hemos descansado nuestra cabeza en su regazo, aspirado el aroma a jazmín que manaba de su cabellera de azabache y le hemos contado nuestros tempranos sueños.
Ella nos acariciaba la cabeza entre divertida y burlona, y nos escuchaba con irónica solemnidad.
Hacíamos fila a su puerta de la calle Perdriel , ansiosos y felices, fumando unos cigarrillos nerviosos, y nos marchábamos de su casa impregnados del perfume de sus sábanas de satén y con la certeza definitiva y absoluta de que éramos inmortales.
Felipe la quería con el alma, ya desde aquel tiempo.
Después de que las filas de muchachos terminaban de saciar sus urgencias, él entraba en la pieza de la Morocha, calentaba la pava para el mate, y se quedaban los dos conversando bajito, de cualquier cosa, hasta que el sol reverberaba en los vidrios de la ventana.
Se cuenta que una madrugada, después de una larga y agotadora jornada de trabajo sexual –la Morocha se había pasado decenas de tipos– Felipe la encontró en la cama, llorando desnuda, con la cabeza metida debajo de la almohada.
El revoltijo negro de su pelo asomaba como una sombra y contrastaba con el inmaculado blanco de la funda almidonada.
La Morocha lloraba sin consuelo toda su callada tristeza.
¡Quién sabe, nunca nadie supo qué dolores la mordían, qué tajos de amargura atravesaban el alma de ese cuerpo con qué todos soñábamos!
Nosotros, los pibes de entonces, nada sabíamos de sus penas y es probable que esas penas poco nos importaran. Su soledad nos era ajena en aquel tiempo, como la muerte también nos era ajena. De la Morocha buscábamos tan sólo marearnos con su aliento feroz y dulce y perdernos para siempre en el vértigo que nos provocaba su mirada.
Felipe aquella madrugada la observó largamente, desde la puerta fumaba y la miraba en silencio.
Ella no comprendió del todo o no estaba acostumbrada a comprender; secó sus lágrimas en las sábanas de satén y con un gesto triste lo convidó a acercarse, a tenderse a su lado.
Felipe la abrazó, pero su abrazo era distinto a todos los abrazos que la Morocha había tenido a lo largo de su vida. Felipe ya era un hombre hecho y derecho, él ya había aprendido de memoria ese sutil lenguaje que no necesita de palabras.
Entonces la Morocha entendió.
Así se quedaron largo rato, él abrazándola con ternura y ella apoyada en él, sin hablarse.
Luego ocurrió la magia: con la última oscuridad que se escapaba por la ventana, atravesada por el rayo anaranjado que pugnaba por nacer, Felipe la fue vistiendo dulcemente; la fue reconociendo mujer en la postrera oscuridad, a medida que la vestía, y cuanto más la vestía, cuanto mas la cubría de blusas y corpiños y bombachas con encaje, más “ella” se le antojaba.
Felipe la fue inventando despacio, la fue armando hembra poco a poco, con sus manos, con las yemas de los dedos, con el aliento a tabaco que se mezclaba con todos los alientos de todos los tipos que habían dejado clavado en ella su deseo, y así hasta completarla entera, hasta que fue la Morocha solamente para él.
Desde entonces andan así los dos, por las calles de San Martín, sorbiendo raros brebajes en los bares cercanos a la plaza, con los ojos clavados en los húmedos ventanales que miran ciegos las veredas tranquilas, quizá tratando de encontrar una esperanza que se les escapó.
A veces salen a caminar por Ayacucho en las noches de luna y él le pasa su brazo sobre los hombros y le habla al oído de cosas que nadie sabe, y entonces ella se sonríe.
O de repente, ambos se echan a reír estrepitosamente, sin ninguna razón, y el rostro se les ilumina y parece como si fueran novios.
Aunque, se sabe, Felipe y la Morocha jamás se amaron en ninguna parte.


SERGIO BONOMO (Villa Zagala, Gral. San Martín, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1966) Narrador, poeta. Actualmente resido en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Comencé mis primeros pasos en este oficio de la escritura allá por 1987, en el mítico taller” Rodolfo Walsh”, que dirigía el escritor don Élido Di Serio
Tengo publicado un libro de poemas “Aguas Servidas”, Buenos Aires, ImagenArte, 1993. Integré esta editorial y el staff de la revista literaria "Contrahabla" que dirigía el escritor y editor Jorge Prado Roo. Actualmente colabora con la editorial “3x1”
Actualmente realizo espectáculos de narración oral de cuentos.
He obtenido el premio “Autor Local” del Primer Certamen Nacional de Cuento “San Martín 2008” de la Municipalidad de Gral. San Martín.
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ALFRED HOPKINS






SOY UNA HOJA BLANCA

Soy una hoja blanca, vacía, pura: soy díos.
Soy tu amor, tu rabia, tu ausencia.
Soy hombre, soy mujer, luz y oscuridad.
Soy memoria, olvido, historia: soy díos.
Blanco sobre blanco escribo apenas llorando,
sin forma, con forma, más allá de ella, sin tiempo,
en la oscura luz ámbar de tu memoria madrugada,
escribo amando y odiando, sobre mis hojas respirando.

Con mis dedos grabo el verde viento de tu vientre,
grito solo y sola en la noche, seduciendo
mis sueños, los tuyos,
sobre las gastadas hojas recorro.
Soy el fragor del fragante aire orgiástico de ejercitaciones nocturnas.
Soy eco propio y solitario resonando mi voz en mi tumba.
Soy el canto del cisne, soy grito prolongado recién nacido.
Soy casa sin inquilino albergando exóticos placeres,
Soy lobo estepario, bestia ruda salida de mi tumba.

Trazo cuerpo mediante los espacios de nuestro tiempo,
en líneas verticales, horizontales, circulares, cruzadas;
explosiones, estallidos, erupciones, llamas amorosas:
vivo, lucho, amo, muero y escribo a destiempo.
Soy una hoja blanca, pura: soy comienzo y fin.
Soy el amante de tu amante, soy poesía olvidada;
Soy destructor de cuentos, apuntador de actores muertos en escena.
Soy tu hoja blanca, pura, imaginándote eternamente, sin fin.



ALFRED HOPKINS (Los Angeles, California, Estados Unidos). Desde 1975 reside en Buenos Aires, Argentina. Narrador, poeta. Periodista. Actor. Profesor de teatro y narración oral en el Instituto Superior en Lenguas Vivas "J.R.Fernández". Recibió el B.A. en periodismo y ciencias sociales de la Universidad de California en Berkeley, E.U.A. Trabajó varios años en diarios norteamericanos (Casper Morning Star, Lockport Sun and Journal, York Gazette and Daily), luego durante varios años como corresponsal independiente en América Latina. Estudió teatro con Toni Barquet y Ricardo Bartis. Ha participado en varios espectáculos unipersonales en inglés o español: Hamlet (Shakespeare), El corazón delator (Poe), canciones de amor, un show de radio, entre otros. Hamlet ha sido representado con notable éxito en La noche de la cultura, organizada en septiembre de 2008 por la SESAM y la Red de Bibliotecas Populares de Gral. San Martín. Ha sido invitado especial del CAFÉ LITERARIO SESAM.

Publicaciones:
Abriendo puertas, cerrando ventanas (cuentos).
Tea for Two, a Tale for you (libro de cuentos en inglés que publicó junto con Alicia Ramasco).
Varios de sus cuentos han sido incluidos en colecciones.

Dirige la revista blog
http://jaquematepress.blogia.com

alfshopkins@yahoo.com.ar


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sábado, 10 de enero de 2009

GUILLERMO GUADAGNO.


COMO LA VIDA MISMA

Al descubrir tu perfección, comencé a disfrutar de mis errores.

Trata siempre de disfrutar el presente; demasiado tarde, ya es pasado.

Si la obra de teatro ya no te sorprende, es hora de que mires detrás del telón.

Despiértenme cuando el sueño haya concluido.

Despiértenme cuando el laberinto abra sus puertas.

Si el camino no lleva a lo inexplicable es hora de modificar el rumbo.

Si tuvieras el coraje de amar serias más feliz.

No pierdas la oportunidad de gritar cuando el entorno abra sus puertas.

La arrogante perfección distrae la esencia.



GUILLERMO GUADAGNO.
Seminarios de SESAM y la Municipalidad de General San Martín: “El relato y su monitoreo”, a cargo de Agustín Romano y “Técnicas narrativas”, a cargo de Eduardo Jorge Arcuri Márquez (2007). Participa del Taller Literario SESAM, coordinado por Agustín Romano e Isabel Llorca Bosco. Es socio de SESAM.
Estudios extracurriculares de filosofía y primer año de la Carrera de Psicología.

Guillermo Guadagno.
EUS-IBM Customer Service Center

guadagno@ar.ibm.com

ANA GELFMAN



"El Tango en Mendoza pretende rescatar tiempos, historia y cultura.
Evitar, por falta de cuidado intelectual, la erosión de agentes externos.
Hacer que lo vivido, base de sustentación de lo que somos, no se disemine igual que los polvos de los vientos que suelen surcar el área de esta zona.
Nos erigimos en seguidores de este género en un terreno árido, envejecido y agotado en una inocente fiesta de terca música, eco de tangos llegados desde el puerto.
La ciudad habla mejor que nosotros cuando es cuna y naturaleza y es soporte del paso de artistas lujosamente nuestros.
Las calles de tierra y de adoquines fotografían lo abierto y popular, características propias que dan forma a esta evocativa energía creadora."
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(De El tango en Mendoza, 2008)
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ANA GELFMAN (Santa Fe, Pcia. de Santa Fe, Argentina). Vivió en las provincias de Córdoba y Mendoza. Luego residió doce años en Gral. San Martín, Provincia de Buenos Aires; en la actualidad, nuevamente en Mendoza. Ensayista. Actriz dedicada a la interpretación poética. Química farmacéutica.
Ha publicado “El Tango en Mendoza”, en colaboración con su marido, el poeta Jaime Gelfman. Este ensayo ha sido declarado de Interés por la Honorable Cámara de Diputados de Mendoza y de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura del Gobierno de Mendoza. En los fundamentos de la Resolución, la Cámara advierte "este trabajo se convertirá en un valioso material de estudio y análisis para toda la comunidad, y en especial para nuestras generaciones venideras, ya que es importante que se conozca y se difunda lo que culturalmente se gesta y produce en nuestra provincia".
Ana Gelfman empezó su actividad como actriz en Córdoba, donde actuó en distintas salas y en radio. Radicada en Mendoza, siguió sus actuaciones y en Buenos Aires realizó cursos de perfeccionamiento con la profesora Lilia Roberti, de cuyo Instituto egresó con la distinción del “Premio Instituto”. Obtuvo el Primer Puesto en el Rubro Poemas Tangueros en el certamen organizado por la Facultad de Derecho de la UBA. Recibió mención en el quincenario “La Palabra” de Gral. San Martín. Realizó recitales en distintas salas de Mendoza, Buenos Aires y Gral. San Martín, donde realizó uno dedicado a los escritores sanmartinenses.. Hizo presentaciones de libros, autores y prologó libros, condujo homenajes a distintas personalidades. En la Feria del Libro de Mendoza presentó recitales sobre poetas mendocinos. En esta provincia continúa ofreciendo recitales. Ha sido jurado del Primer Certamen Nacional de Poesía de SESAM y es socia honoraria de esta institución...

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BEATRIZ MARTINELLI

Próximamente se incorporarán foto, datos y algunas obras de esta autora.

JAIME CABRERA



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CUANDO SE ACABÓ EL MUNDO
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El sol se mantenía en su sitio, aunque perdiendo poco a poco la plenitud. Su contorno se deformaba y, en parte, se desvanecía; su imagen se borraba por momentos y volvía a aparecer, más desfigurada aún, aunque la luminosidad se mantuviera. Más tarde, la misma luz comenzó a disminuir de intensidad...
Los sonidos se empastaban y perdían volumen. Se oían lejanos, como a través de un filtro esponjoso.
El fin estaba cerca, muy cerca. El mundo se apartaba de la fuente de su vida. En la naciente tarde ciudadana, las sombras comenzaron a invadir todo, mientras el silencio luchaba por imponerse.
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En un momento dado el combate terminó...
Se acabó la resistencia, el humano espíritu de rebelión, la rabia ante la injusticia... La oscuridad y el mutismo se adueñaron de todo... La fuerza, la vida, la esperanza... todo quedó de rodillas.
La última en desaparecer fue la voluntad: finalmente al pequeño se le cerraron los ojos y se durmió. Había comenzado su siesta habitual...
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PAISAJE ANDINO
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La nevisca vuela fuera de control: su libertad se enseñorea en la soledad montañosa. El frío fija la imagen en un resplandor sin finalidad: una leve fantasía cristaliza en el silencio.
Sobre la ladera, en lo escarpado de su altura, el nido del cóndor apenas se vislumbra.
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JAIME CABRERA (Buenos Aires, Argentina, 1940). Profesional de Sistemas de Información y profesor universitario de la especialidad, ha trabajado, entre otros aspectos, con la palabra y la comunicación en sus versiones técnica y didáctica. Es autor de varios trabajos específicos sobre sus temas y del tratado “Profesión: SISTEMAS”.
Desde el año 2004 se volcó de lleno a la literatura, en la cual cultiva diversos géneros, tanto narrativa como poesía. Ha participado en la Agrupación Literaria “¿Te cuento...?” y en el programa radial “Literata”, como miembro de su mesa de transmisión y autor de trabajos (Radio Apuntes - FM 98.9 - Santos Lugares).
Ha obtenido premios en concursos nacionales y locales. "Cuando se acabó el mundo" fue finalista en el I Certamen Internacional de Cuento “Jorge Luis Borges - 2007" de la REVISTA SESAM. Es socio de esta institución.
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jcabrera40@hotmail.com
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SILVIA LONG-OHNI

Próximamente se incorporarán foto, datos y algunas obras de esta autora.